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  • Daniel Alejandro

El mar ausente y los búfalos de Marajó


Playa de la comunidad de Cajuuna, Ilha de Marajó

Belém es acaso el Manhattan de la amazonia. Luego de pasar unas semanas increíbles en la región de Santarém me dirigí hacia el bajo Amazonas, a la ciudad de Belém, una metrópolis que desde lejos parece un Manhattan o un Miami, con todos sus edificios y barcos al lado de bahía. En Belém, rodeado de edificios y centros comerciales con aire acondicionado y tiendas de lujo, es fácil olvidarse que se está en la selva amazónica. Aparte de la lluvia que visita la ciudad todas las tardes, los fenómenos naturales parecen lejanos.

Pasé mis primeros días en Belém preparándome para las próximas expediciones de Vaga Lume en el municipio de Castanhal y la Ilha de Marajó. La expedición en Santarém me dejó con una maleta abultada de sudor y lodo, que en la ciudad me querían cobrar un monte exorbitante de dinero para lavarla. Sin embargo me las ingenié para hospedarme en una casa de familia donde generosamente se ofrecieron a lavar mi ropa sin ningún costo. A mitad de semana salí a una corta expedición al municipio de Castanhal junto a André, uno de los funcionarios de Vaga Lume en Belém. Castanhal es una región semiárida con una pequeña replica del Cristo Redentor en el cementerio municipal, cual saluda al entrar pueblo. El pueblo está muy cerca del mar pero aún no se puede avistarlo por kilómetros, sin embargo da la impresión de un pueblo playero.


Un igarapé de aguas diáfanas y refrescantes en el municipio de Castanhal

Allí la secretaria municipal de educación (SEMED) nos prestó ayuda, transportándonos hasta cuatro comunidades: Assentamento João Batista, São Pedro, Cupiúba y Boa Vista. Esta región es visiblemente más pobre que las comunidades de Santarém y está siendo tristemente azotada por la violencia. En la comunidad de Assentamento, en semanas pasadas, murieron dos personas en una rivalidad entre bandas criminales. Al parecer, según nos chismeó el conductor, uno de los hombres intentó disparar sin cargar todos sus cartuchos y ahí dos rivales le devolvieron el tiro fallido con disparos al pie y la cabeza. Los ciudadanos inocentes están presos en sus propias casas. En el quilombo de São Pedro los niños se han quedado sin clases pues alguien se robó partes de la planta de energía—usada para bombear agua, cocinar e iluminar la escuela—aunque según una comunitaria de Cupiúba al ver la camioneta de ingenieros del municipio que iba rumbo a São Pedro a reparar la planta, no iban a reparar sino a reemplazar la planta entera, porque se llevaron todo. En estas comunidades, la presencia de los patrulleros fuertemente armados es constante. Y es precisamente en lugares precarios e inseguros como estos que las bibliotecas comunitarias son esenciales como faros de esperanza o válvulas de escape, tal como la biblioteca José Martí en Assentamento—en honor al poeta cubano—que según nos expresaron los niños y adultos es un espacio donde se sienten seguros, ajenos al conflicto que los rodea.


Igarapé en la comunidad de Boa Vista

Al regresar de esta rápida expedición, consigné mis esfuerzos a preparar mi viaje a la Ilha de Marajó, a la cual partí la última semana de noviembre a ayudar a impartir un taller de construcción de libros artesanales para narrar y compartir la historia, mitología y folclore de estas comunidades. En casi una semana de viaje visitamos tres comunidades en el municipio de Soure. Una ciudad llena de búfalos, tantos, que se tiene la impresión de estar en algún lugar en la India—donde estos animales abundan—y no America del Sur. El origen de estos mamíferos en la isla no es claro. Se dice que un barco repleto de búfalos, en los tiempos remotos de la colonia, naufragó y los animales nadaron hasta la costa, donde encontraron condiciones excelentes, sin depredadores y comida abundante, y se reprodujeron hasta poblar toda la isla.


En el municipio de Soure, un pueblito planificado de calles rectas y cuadras enumeradas, con casas simples en adobe y arboles de mangos en todos lados, y claro, muchos búfalos—los cuales son incluso usados como transporte por la policía. Al llegar a Soure esperamos por el bus escolar del municipio que, al parecer, es el único medio de transporte que conecta las comunidades próximas al pueblo, y sirve para transportar niños y jóvenes hacia las escuelas y la universidad y para carga víveres y otras necesidades de las comunidades. Subirse a este bus es toda una experiencia, parecida a los Chicken-Buses guatemaltecos.


La primer comunidad que visitamos fue Cajuuna, el lugar de origen de mi compañero de viaje, una aldea de casas coloridas construidas en tabla sobre plataformas para prevenir que se inunden los recintos en la época de lluvia, cuando la marea llega a tocar la puerta de las casas y sumerge las guaridas de los cangrejos. En comunidades pesqueras como Cajuuna, los pormenores de la vida y el futuro mismo se mueven con el rumbo del mar. Ya la comunidad tuvo que ser reconstruida una vez porque la marea arrasó con las casas que fueron edificadas en el litoral y todos los días el mar se ausenta, como si se fuera para nunca más regresar. Al bajar la marea, kilómetros de tierra llana y lodazales quedan expuestos al sol y al viento, y solo una mancha azul, distante, en el horizonte, advierte que allí existe el mar; el cual, en cuestión de horas, regresa todas las tardes rugiendo e inundando las planicies de la bahía y encharcando los troncos de las palmeras. Es un fenómeno natural que me dejó impresionado.


Comunidad de Cajuuna

En esta expedición nos ocupamos de monitorear las bibliotecas en las comunidades de Cajuuna y Céu, donde Vaga Lume inauguró su primer biblioteca hace 17 años. Los días restantes los pasamos en la comunidad de Pesqueiro, junto a los jóvenes de estas tres comunidades, llevando a cabo el taller de libros artesanales. En dos días, elaboramos cuatro libros con siete cuentos relatando el folclore y la historia de esta comunidad, la cual hoy se encuentra bastante desarrollada albergando a 160 familias con electricidad y una carretera pavimentada hasta Soure. Esta experiencia fue muy inspiradora. Tomé nota sobre varias leyendas e historias que espero pronto producir en algunos cuentos y relatos para compartirlos. Muchas de estas historias cuentan sobre assombração o eventos paranormales y criaturas míticas, muy comunes en el folclore de la Amazonia, como la Curupira, la Matinta Perera y los Botos o delfines rosados del Amazonas, que, según las leyendas, se convierten en hombres apuestos con vestido y sombrero blancos que seducen las mujeres y las dejan embarazadas. Mi esfuerzo en el diseño y narración de los cuentos fue recompensado con una mención en los créditos de uno de los libros como colaborador: Daniel Martínez (colombiano).


Dado por terminado el taller de libros artesanales me dirigí nuevamente hacia Belém donde con un par de días de ocio pude visitar el Mangal das Garças y el centro botánico Emílio Goeldi, ambos lugares de una belleza natural abundante con garzas, gavilanes, jaguares y cocodrilos entre muchos otros tipos de fauna y flora. Prontamente partí a mi próxima expedición, rio arriba, de casi dos semanas a las comunidades de Breves y Portel. Este viaje se los contaré prontamente…



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