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  • Daniel Alejandro

Tramo final: De la Amazonia a las montañas antioqueñas

Actualizado: abr 16


La neblina al amanecer llena el litoral de la comunidad de Punã, río Amazonas.

Con la ayuda de contactos de Santarém, en mi camino a la trifrontera, vine a parar en la pequeña e insolada ciudad de Tefé. Aquí me recibo el Instituto Mamirauá, organización social dedicada a la conservación y desarrollo sostenible de las Reservas de Desarrollo Sostenible en la región de Medio Solimões. Es una de estas reservas, Mamirauá, donde se encuentra el famoso mono calvo carirrojo Uakari en medio de cientos de familias que hacen parte de emprendimientos sociales como el ecoturismo de base comunitaria, apicultura, artesanía, y manejo de pesca de Pirarucu y prontamente de caimanes. El Instituto Mamirauá ha evolucionado desde sus orígenes con la investigación doctoral del biólogo brasileño José Márcio Ayres, quien llegó a la región a estudiar el mono Uakari avistado cien años atrás por el naturalista inglés Henry Walter Bates. Ayres abogó al gobierno de estado y luego al gobierno federal sobre la necesidad de preservar esta área como reserva natural y luego en las décadas del noventa como reserva de desarrollo sostenible. Hoy es un instituto con decenas de proyectos, desde investigación científica y social sobre la fauna y flora, la composición socioeconómica y demográfica de la región, manejo de recursos naturales, tecnologías sociales y valorización cultural, y empoderamiento de la población local.


El puerto de Tefé

Durante las semanas que pasé en Tefé, fui acogido en la casa de una bióloga investigadora de caimanes junto a sus dos adorables cachorrinhas, Canoa y Jabetinha. Fuera de casa, una cuadrilla de científicos de vertebrados-acuáticos fueron mis compinches de copas, en las visitas repetidas a restaurantes y bares del pueblo. Pues es el caso que en Tefé, una ciudad de 60 mil personas, se puede caminar de punta a punta en menos de una hora, y no es fuera de lo común encontrarse a colegas del trabajo o demás conocidos todas las noches, frecuentando los mismos lugares. En el instituto, mi trabajo se enfocó a acompañar varios proyectos como el Centro Vocacional Tecnológico - CVT, donde jóvenes comunitarios son educados por un año para servir como gestores de negocios sociales en sus comunidades. Allí impartí una clase sobre producción audiovisual, en la cual producimos videos cortos y cómicos sobre las cualidades de un buen líder. Además de mi trabajo en el CVT, acompañé al centro de pesquisa social a ejecutar durante toda una semana un censo en la comunidad de Punã, una de las mayores comunidades en la reserva. Mi mayor contribución allí, aparte de cargar cajas, consistió de la elaboración de un mapa de la comunidad que permitió la organización y ejecución del censo. Tras varias hojas de papel, borrones, y varios trazos conseguí realizar mi tarea y acompañar la ejecución exitosa del censo en Punã.



Mi host en Tefé, Barthira, biologa especializada en caimanes

A lo largo de mi estadía en la Amazonia he aprendido sobre los beneficios del desarrollo sostenible y los esfuerzos colectivos prácticos, como el ecoturismo comunitario, destinado a generar ingresos, celebrar la cultura local, los hábitats naturales y la vida silvestre, todo para mejorar el bienestar de comunidades rurales pobres y preservar el ecosistema. Mi experiencia más reciente en Mamirauá reforzó en mí la creencia de que para lograr un cambio social positivo, primero hay que abordar las necesidades básicas de las personas mediante la generación de oportunidades e ingresos. A medida que pasan los días, me siento ansioso por contribuir a un cambio social tangible y positivo, y estoy convencido de que al promover un proyecto sostenible por mi cuenta podré hacerlo. Por eso, teniendo en cuenta que en las próximas semanas viajaré por el río Amazonas hasta la triple frontera entre Brasil, Colombia y Perú, me propuse a orientar mis esfuerzos y comprometer los últimos tres meses de mi beca para viajar a Colombia e impulsar un proyecto de este tipo.


Filmando videos sobre liderazgo con los jóvenes del CVT

Quiero trabajar en la zona rural donde crecieron mis padres. Esta área se encuentra en lo profundo de las montañas de Antioquia, entre los municipios de Sonsón y el Carmen de Viboral. El área es completamente rural y casi que aislada de la modernidad. La región solo recibió electricidad hace unos años y la gente todavía tiene que caminar o montar a caballo para ingresar a las veredas. Esta región alberga varias comunidades y cientos de familias que en la última década se vieron afectadas por el conflicto armado interno del país y durante años tuvieron que abandonar sus tierras debido a la violencia. Con el paso de los años, el orden y la paz regresaron a la región, al igual que muchas familias. Grandes partes del bosque (muchas están en proceso de ser reconocidas como áreas de conservación) permanecieron intactas o se regeneraron durante este período de aislamiento.



Hoy, nuevamente, la región está llena de vida, igual que crecí escuchando a mis padres describirla. En los últimos años, varios turistas extranjeros y locales comenzaron a frecuentar la región para observar aves y disfrutar de la naturaleza, y ha surgido una oportunidad sin precedentes para que la comunidad se beneficie de un proyecto de desarrollo sostenible de turismo dirigido por la comunidad, para celebrar la cultura local, preservar el ecosistema y mejorar la vida de las familias. En el momento, existen ciertas entidades del gobierno municipal y entidades sin ánimo de lucro que están intentado impulsar este tipo de proyectos. Por lo cual, me gustaría aprovechar mi tiempo, mi experiencia y mis conocimientos adquiridos en estos meses de travesía por el Amazonas para comenzar a construir un proyecto social de turismo comunitario que pueda beneficiar a decenas de familias.


Detrás del conocido Morro de la Vieja (al fondo) se encuentra esta mística región

Crecí escuchando de mi familia historias casi que mágico realistas sobre esta región, tanto que ideas sobre este lugar han llenado mi imaginación y han inculcado mis creencias más arraigadas. Mi tiempo en el Amazonia evocó un constante anhelo de conocer este lado de mi historia personal, y cuanto más lugares diferentes conozco más fuerte es este anhelo de conocer este lugar tan próximo de mí. Por los próximos meses, mi esperanza está en poder viajar y vivir en veredas de la región, con la ayuda de contactos familiares y entidades locales, explorar y usar los ejemplos de desarrollo sostenible que conocí y los contactos que hice en el Amazonas para desarrollar un emprendimiento social, tal vez semejante a la Posada Uakari en el Instituto Mamirauá y otros proyectos de turismo de base comunitaria que conocí en las regiones de Belém y Santarém. Tengo la esperanza de que este nuevo tramo será la culminación perfecta para mi beca, la cual concebí como una oportunidad sin igual para conocer la justicia social en práctica; creo que promover la práctica del desarrollo sostenible es la mejor forma de lograr esta misión.

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